El mito detrás de Libra
Libra es el único signo del zodiaco que no representa a un ser vivo sino un objeto: la balanza de la justicia, que se asocia con Astrea, la diosa de Virgo, su vecina en el cielo. Para los antiguos griegos, estas estrellas eran las pinzas del Escorpión, y así lo recuerdan los nombres árabes de sus dos estrellas principales: Zubenelgenubi, «la pinza del sur», y Zubeneschamali, «la pinza del norte». Fueron los romanos quienes la consolidaron como una balanza independiente.
La constelación de Libra en el cielo
Es una constelación discreta, sin estrellas muy brillantes. Zubeneschamali tiene fama de ser la única estrella que algunos observadores describen como verdosa, aunque los instrumentos la muestran blanca azulada. Hace unos 2.000 años, el Sol estaba en Libra durante el equinoccio de septiembre, cuando el día y la noche duran casi lo mismo: un «equilibrio» que encaja con la imagen de la balanza. En Libra está también Gliese 581, una estrella con varios planetas conocidos. Se ve mejor en las noches de abril a julio.
El signo y la constelación no coinciden
Las fechas del signo se fijaron hace unos 2.000 años según las estaciones. Desde entonces, el lento bamboleo del eje de la Tierra (la precesión) corrió el cielo cerca de un mes: hoy el Sol cruza la constelación de Libra aproximadamente del 31 de octubre al 22 de noviembre.
Lo que la astrología le atribuye
Signo de aire y cardinal, regido por Venus. Su primer día coincide con el equinoccio de septiembre. La astrología popular lo relaciona con la armonía, la diplomacia, el sentido de justicia y el gusto por la belleza, y también con la dificultad para decidir: siempre pesando las dos opciones.
La astrología es una tradición cultural milenaria, no una ciencia: los estudios que la han puesto a prueba no encontraron que el signo prediga la personalidad o el destino.
