El mito detrás de Leo
Leo es el león de Nemea, una fiera de piel invulnerable que aterrorizaba los campos del Peloponeso. Matarlo fue el primero de los doce trabajos de Heracles: como sus flechas rebotaban en la piel del animal, el héroe lo estranguló con sus propias manos y después usó las garras del león para despellejarlo. Desde entonces Heracles vistió esa piel como armadura, y Zeus subió a la fiera al cielo.
La constelación de Leo en el cielo
Leo es de las pocas constelaciones que de verdad se parecen a lo que representan: un león echado, con la cabeza y la melena dibujadas por estrellas en forma de hoz, o de signo de interrogación al revés. Su estrella principal, Régulo («pequeño rey», en latín), está casi sobre la eclíptica, el camino del Sol, por eso la Luna y los planetas pasan a menudo cerca de ella. Desde Leo parecen salir las Leónidas, la lluvia de estrellas de mediados de noviembre. Se ve mejor en las noches de febrero a mayo.
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El signo y la constelación no coinciden
Las fechas del signo se fijaron hace unos 2.000 años según las estaciones. Desde entonces, el lento bamboleo del eje de la Tierra (la precesión) corrió el cielo cerca de un mes: hoy el Sol cruza la constelación de Leo aproximadamente del 10 de agosto al 16 de septiembre.
Lo que la astrología le atribuye
Signo de fuego y fijo, el único regido por el Sol. La astrología popular le atribuye generosidad, carisma y ganas de brillar, con un toque de orgullo: el león como rey de los animales. Llega en pleno verano del hemisferio norte, la época más calurosa del año allí.
La astrología es una tradición cultural milenaria, no una ciencia: los estudios que la han puesto a prueba no encontraron que el signo prediga la personalidad o el destino.
