El mito detrás de Tauro
Para los griegos, Tauro es el toro blanco en que se convirtió Zeus para raptar a Europa, una princesa fenicia. Mientras ella jugaba con sus amigas en la playa, el toro se le acercó manso; cuando Europa se subió a su lomo, nadó mar adentro hasta Creta, donde ella fue madre del rey Minos. El continente europeo lleva su nombre. El toro es una de las figuras más antiguas del cielo: ya los babilonios lo llamaban «el toro del cielo», y la constelación solo dibuja su parte delantera, como si emergiera del agua.
La constelación de Taurus en el cielo
Es una de las constelaciones más fáciles de reconocer y de las más ricas del cielo. Su estrella principal, Aldebarán, es una gigante roja cuyo nombre árabe significa «la que sigue», porque sale detrás de las Pléyades. En Tauro están dos cúmulos de estrellas famosos, las Pléyades (las «siete cabrillas») y las Híades, que forman la cara del toro, y también la Nebulosa del Cangrejo: los restos de una supernova que astrónomos chinos registraron en el año 1054. Se ve mejor en las noches de noviembre a febrero.
El signo y la constelación no coinciden
Las fechas del signo se fijaron hace unos 2.000 años según las estaciones. Desde entonces, el lento bamboleo del eje de la Tierra (la precesión) corrió el cielo cerca de un mes: hoy el Sol cruza la constelación de Taurus aproximadamente del 14 de mayo al 20 de junio.
Lo que la astrología le atribuye
Signo de tierra y fijo, regido tradicionalmente por Venus. La astrología popular lo describe como paciente, constante y amante de la comodidad, la buena mesa y las cosas hechas con calma; también le atribuye cierta terquedad, fiel a la imagen del toro.
La astrología es una tradición cultural milenaria, no una ciencia: los estudios que la han puesto a prueba no encontraron que el signo prediga la personalidad o el destino.
