El mito detrás de Aries
En la mitología griega, Aries es el carnero de lana dorada que Hermes envió para salvar a Frixo y Hele, dos hermanos a quienes su madrastra Ino quería sacrificar. El carnero voló con ellos sobre el mar; Hele cayó al estrecho que desde entonces se llamó Helesponto (hoy, los Dardanelos), y Frixo llegó a la Cólquide, donde ofreció el carnero a Zeus y colgó su vellocino de oro en un bosque sagrado. Ese es el vellocino que siglos después fueron a buscar Jasón y los argonautas. Zeus puso al carnero entre las estrellas.
La constelación de Aries en el cielo
Aries es una constelación pequeña y discreta: ocupa 441 grados cuadrados y es la 39.ª de las 88 que reconoce la Unión Astronómica Internacional. Su estrella más brillante es Hamal, una gigante naranja cuyo nombre viene del árabe y alude al carnero. Hace unos 2.000 años, el Sol estaba en Aries durante el equinoccio de marzo; por eso a ese punto del cielo se le sigue llamando «primer punto de Aries», aunque por la precesión del eje de la Tierra hoy está en Piscis. Se ve mejor en las noches de noviembre a enero.
El signo y la constelación no coinciden
Las fechas del signo se fijaron hace unos 2.000 años según las estaciones. Desde entonces, el lento bamboleo del eje de la Tierra (la precesión) corrió el cielo cerca de un mes: hoy el Sol cruza la constelación de Aries aproximadamente del 19 de abril al 13 de mayo.
Lo que la astrología le atribuye
Es el primer signo del zodiaco: el año astrológico empieza con él, en el equinoccio de marzo. La astrología popular lo asocia con el impulso, la iniciativa y la competitividad, y les atribuye a sus nativos un carácter directo y algo impaciente. Es un signo de fuego y cardinal, regido tradicionalmente por Marte, el planeta que los romanos dedicaron al dios de la guerra.
La astrología es una tradición cultural milenaria, no una ciencia: los estudios que la han puesto a prueba no encontraron que el signo prediga la personalidad o el destino.
