El mito detrás de Virgo
Virgo se suele identificar con Astrea, diosa de la justicia, hija de Zeus y Temis, la última divinidad que vivió entre los humanos. Cuando la gente se volvió codiciosa y violenta, Astrea dejó la Tierra y subió al cielo, donde quedó convertida en constelación, junto a la balanza de Libra. Otras tradiciones la relacionan con Deméter, diosa de la agricultura, o con su hija Perséfone: por eso se la representa con una espiga de trigo en la mano.
La constelación de Virgo en el cielo
Es la constelación más grande del zodiaco y la segunda más grande del cielo, después de Hidra. Su estrella más brillante, Espiga, marca justamente la espiga de trigo; comparando su posición con registros más antiguos, el astrónomo griego Hiparco descubrió hacia el año 130 a. C. la precesión de los equinoccios. En Virgo está el cúmulo de galaxias de Virgo, con más de mil galaxias, entre ellas M87, cuyo agujero negro fue el primero en ser fotografiado, en 2019. Se ve mejor en las noches de marzo a junio.
El signo y la constelación no coinciden
Las fechas del signo se fijaron hace unos 2.000 años según las estaciones. Desde entonces, el lento bamboleo del eje de la Tierra (la precesión) corrió el cielo cerca de un mes: hoy el Sol cruza la constelación de Virgo aproximadamente del 17 de septiembre al 30 de octubre.
Lo que la astrología le atribuye
Signo de tierra y mutable, regido por Mercurio. Llega con la cosecha en el hemisferio norte, y la astrología popular lo asocia con el orden, el análisis, el detalle y el servicio: gente práctica, perfeccionista y observadora.
La astrología es una tradición cultural milenaria, no una ciencia: los estudios que la han puesto a prueba no encontraron que el signo prediga la personalidad o el destino.
