La fiesta de Todos los Santos honra a todos los que, según la tradición católica, alcanzaron la santidad, estén o no canonizados. Tiene raíces en celebraciones de los primeros siglos del cristianismo; el papa Gregorio III le dedicó una capilla en la basílica de San Pedro en el siglo VIII, y hacia el año 835 Gregorio IV la extendió a toda la Iglesia el 1 de noviembre.
No hay que confundirla con el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, dedicado a recordar a todos los fallecidos. En la práctica ambas fechas se mezclan: como el 1 de noviembre es feriado en países como Chile, España y Perú, muchas familias aprovechan ese día para visitar los cementerios y llevar flores. En Colombia también es feriado, trasladado al lunes siguiente.
Cada país tiene sus costumbres. En España son típicos los buñuelos y los huesos de santo, un dulce de mazapán; en México el 1 de noviembre forma parte del Día de Muertos y se dedica a los niños fallecidos.