En las guerras, el medio ambiente suele ser una víctima que no aparece en los recuentos: pozos de agua contaminados, cultivos quemados, bosques talados y suelos envenenados que siguen afectando a la población años después de que termina el conflicto. Casos históricos como el uso de defoliantes en la guerra de Vietnam o la quema de pozos petroleros en Kuwait en 1991 muestran daños que duraron décadas.
La Asamblea General de la ONU estableció este día en 2001 para llamar la atención sobre ese daño. El vínculo también funciona al revés: según Naciones Unidas, al menos el 40 % de los conflictos internos de los últimos 60 años tuvieron relación con la explotación de recursos naturales, como la madera, los diamantes, el petróleo o el agua.
La idea de fondo es que no puede haber una paz duradera si se destruyen los recursos de los que dependen las personas para vivir. Es una fecha de tono serio, adecuada para medios, organizaciones y marcas con un compromiso ambiental real.