El Día Mundial de la Introversión se celebra el 2 de enero desde 2011. Lo propuso la psicóloga alemana Felicitas Heyne, y la fecha tiene lógica: llega justo después de semanas de cenas, fiestas y reuniones familiares, cuando muchas personas introvertidas necesitan recuperar energía a solas.
La introversión es un rasgo de personalidad, no un problema ni un sinónimo de timidez. Una persona introvertida puede tener buenas habilidades sociales; la diferencia es que el contacto social intenso la cansa y la soledad la recarga, mientras que a una persona extrovertida le pasa al revés. El término se popularizó a partir del trabajo del psiquiatra Carl Jung a comienzos del siglo XX.
Es una fecha con mucho potencial en redes porque genera identificación inmediata: la gente se reconoce, comenta y etiqueta a amigos. Funciona mejor con humor amable y ejemplos cotidianos (cancelar planes con alivio, preferir mensajes a llamadas) que con explicaciones técnicas. Conviene evitar presentar la introversión como algo que hay que 'corregir'.