La Jornada Mundial de la Paz nació en la Iglesia católica: el papa Pablo VI la propuso en un mensaje fechado el 8 de diciembre de 1967, y la primera se celebró el 1 de enero de 1968. Desde entonces, cada papa publica un mensaje con un lema distinto para esa fecha, que se lee en parroquias, colegios y organizaciones de todo el mundo.
La elección del primer día del año no es casual: la idea era empezar el calendario con una reflexión sobre la convivencia, en plena Guerra Fría y con la guerra de Vietnam en curso. Con el tiempo, la jornada se extendió más allá del ámbito religioso y hoy muchas instituciones laicas la usan para hablar de paz, diálogo y resolución de conflictos.
No hay que confundirla con el Día Internacional de la Paz de la ONU, que se celebra el 21 de septiembre. Para contenido, funciona mejor un mensaje breve y sincero que una imagen genérica de palomas: es el primer día del año y la gente está receptiva a propósitos y reflexiones, no a publicidad.