El Día Mundial de la Hemofilia se celebra el 17 de abril desde 1989. Lo promueve la Federación Mundial de Hemofilia, y la fecha coincide con el nacimiento de su fundador, el canadiense Frank Schnabel, que vivía con hemofilia. Cada año, edificios y monumentos de distintas ciudades se iluminan de rojo para visibilizar la condición.
La hemofilia es un trastorno hereditario de la coagulación: a la sangre le falta alguno de los factores que permiten formar coágulos, por lo que las hemorragias duran más de lo normal y pueden ocurrir de forma espontánea en articulaciones y músculos. Afecta sobre todo a hombres, porque el gen está en el cromosoma X. Con tratamiento adecuado, las personas con hemofilia pueden llevar una vida activa, pero en muchos países el acceso sigue siendo limitado.
Es una fecha de nicho, adecuada para hospitales, fundaciones, asociaciones de pacientes y cuentas de salud. Lo más valioso es explicar la condición en términos simples y amplificar a las organizaciones especializadas. Si se comparten testimonios, deben contarse con consentimiento y sin dramatizar.