La UNESCO estableció esta fecha en 2005, pero el punto de partida real es anterior: en 1980, su 21ª Conferencia General adoptó la Recomendación sobre la Salvaguardia y Conservación de las Imágenes en Movimiento, el primer marco internacional que reconoció formalmente el riesgo de pérdida de este tipo de material.
El problema técnico de fondo es más urgente de lo que parece: los materiales audiovisuales (cintas magnéticas, películas, soportes digitales tempranos) se deterioran mucho más rápido que el papel — algunos formatos pueden volverse irrecuperables en apenas 10 a 15 años si no se conservan y migran a nuevos soportes a tiempo, según estimaciones de archivistas especializados.
La fecha reúne a una red amplia de organizaciones —archivos fílmicos, asociaciones de sonido, radiodifusoras y bibliotecas de todo el mundo— coordinadas por el Consejo Coordinador de Asociaciones de Archivos Audiovisuales (CCAAA), lo que la convierte en una de las pocas efemérides culturales con una infraestructura internacional de colaboración tan activa detrás.